El doctor Bataglia avanzaba con temor y en medio de la oscuridad hacia la oficina de consultas legales cuando noto algo raro, no visualizaba a ningún vigilante que, como de costumbre a esas horas, deberían estar ubicados por esos lares. Le parecía extraño que no estén ubicados en sus habituales posiciones, mas aun le preocupo la ausencia de su chofer y del auto que lo transportaba. Se sentía desconcertado por esa apreciación pero no detuvo su marcha. Cuando se encontraba a pocos metros de la puerta de ingreso noto que una luz dentro estaba encendida y se empezó a acercar sigilosamente hasta que sintió que dos personas lo cogían de los brazos y casi a la fuerza lo hacían avanzar con dirección a la citada.
En la oficina se discutía que hacer con el rector. El hombre delgado de las gafas decía que debían trasladarlo a un lugar alejado y seguro, mantenerlo ahí hasta que sea elegido un nuevo rector que seria el que ellos apoyaban de manera incondicional, ya que era conocido que este señor tan apoyado, que ocupaba un alto cargo dentro del poder judicial, financiaba proyectos y ofrecía dinero a este joven y a muchos otros con fines destructivos para la universidad ya que el fin que perseguía era convertirla en una empresa privada y hacerla suya. El otro joven de rasgos mas criollos y voz afeminada decía que estaba deacuerdo con trasladarlo a otro lugar pero el prefería pedir un jugoso rescate, una cantidad elevadísima de dinero ya que tenia la seguridad que entre su familia y los alumnos de la universidad lograrían alcanzar el monto a exigir, dijo que harían colectas actividades o lo que sea por salvar al rector porque el sentimentalismo los dominaba, que enviarían algún dedo o una oreja del rector Bataglia para así acelerar la entrega de el dinero.
Pero entre las cuatro paredes había un tercer personaje. Sentado y algo más calmado, aparentemente, dijo con voz pausada: no lo trasladaremos, no pediremos un rescate, no enviaremos ni dedos ni orejas y mucho menos pediremos elección de un nuevo rector. Los otros dos protestaron y dijeron que el hecho que el diera toda la información del recinto, consiguiera llaves, agendas, números telefónicos, entre otros, no tenia la potestad para decidir solo que hacer o que no hacer con el doctor Bataglia. Haremos lo que yo diga, dijo poniéndose de pie, porque la idea que tengo yo de que hacer con el es mucho mas conveniente para todos. Casi de inmediato soltó encima del escritorio una serie de documentos, aclaro a la vez que estos papeles eran falsos y constituían parte de un complot ya tejido dentro de la universidad para sacar a la luz supuestas irregularidades la era Bataglia, que esos documentos estaban siendo ingresados en los archivos de la Universidad reemplazando originales para que así en caso el rector se niegue a cooperar amenazarían con sacar a la luz esos papeles que para el momento ya serian los verdaderos entre comillas. Así lo tendrían en su poder mientras dure su gobierno. Mientras Bataglia sea rector, nosotros gobernaremos dijo, esa es mi idea y estoy seguro que es mucho mejor que la de ustedes enanos mentales. Ambos jóvenes que antes protestaron se miraron y con un silencio cómplice asintieron y admitieron que era una idea genial, digna de un guión de película. El joven de la última idea se sentó y giro la silla dándoles la espalda y cuando se disponía a hablar denuevo entro a la oficina el doctor Bataglia.
Se quedaron mudos todos por unos segundos. Déjenlo dijo el joven de gafas y los dos “acompañantes” del doctor lo soltaron y se retiraron. El doctor Bataglia estaba pasmado al darse cuenta de lo que ocurría. Vio parados frente a su persona a dos tipos harto conocidos para el, Jorge Luís Pachuco y Carlomagno Fremco. Ambos eran los principales detractores de su gestión, tenían dibujada en el rostro una sonrisa maliciosa a la vez que no quitaban la fija mirada que habían posado sobre el. Buenas noches Bataglia, dijeron sin el más mínimo signo de respeto, estábamos esperándolo con muchas ansias. El doctor Bataglia se preguntaba como pudo ocurrir algo así, como ellos habían podido tener acceso al recinto universitario sin haber sido detenidos o en el peor de los casos que hicieron con el personal que debía detenerlos, y si los habían reducido se cuestionaba como lo pudieron lograr, como habían ingresado a la oficina de consultas legales. Las dudas iban en aumento cuando una voz seca y firme se hizo escuchar: Buenas noches doctor Bataglia. La silla giratoria del escritorio principal volteo lentamente. El rostro del doctor se torno pálido y tuvo que apoyarse para no caer de la impresión. Maestro buenas noches, ¿usted ya no me conoce acaso o no me saludara? Este personaje se puso de pie y avanzo lentamente hacia el rector, que estaba casi en shock ya que conocía perfectamente quien era el tipo que lo saludaba pero se negaba a creerlo. Bueno doctor ya que creo no me conoce me presento, Julián Cruzado Marino, mucho gusto.
En la oficina se discutía que hacer con el rector. El hombre delgado de las gafas decía que debían trasladarlo a un lugar alejado y seguro, mantenerlo ahí hasta que sea elegido un nuevo rector que seria el que ellos apoyaban de manera incondicional, ya que era conocido que este señor tan apoyado, que ocupaba un alto cargo dentro del poder judicial, financiaba proyectos y ofrecía dinero a este joven y a muchos otros con fines destructivos para la universidad ya que el fin que perseguía era convertirla en una empresa privada y hacerla suya. El otro joven de rasgos mas criollos y voz afeminada decía que estaba deacuerdo con trasladarlo a otro lugar pero el prefería pedir un jugoso rescate, una cantidad elevadísima de dinero ya que tenia la seguridad que entre su familia y los alumnos de la universidad lograrían alcanzar el monto a exigir, dijo que harían colectas actividades o lo que sea por salvar al rector porque el sentimentalismo los dominaba, que enviarían algún dedo o una oreja del rector Bataglia para así acelerar la entrega de el dinero.
Pero entre las cuatro paredes había un tercer personaje. Sentado y algo más calmado, aparentemente, dijo con voz pausada: no lo trasladaremos, no pediremos un rescate, no enviaremos ni dedos ni orejas y mucho menos pediremos elección de un nuevo rector. Los otros dos protestaron y dijeron que el hecho que el diera toda la información del recinto, consiguiera llaves, agendas, números telefónicos, entre otros, no tenia la potestad para decidir solo que hacer o que no hacer con el doctor Bataglia. Haremos lo que yo diga, dijo poniéndose de pie, porque la idea que tengo yo de que hacer con el es mucho mas conveniente para todos. Casi de inmediato soltó encima del escritorio una serie de documentos, aclaro a la vez que estos papeles eran falsos y constituían parte de un complot ya tejido dentro de la universidad para sacar a la luz supuestas irregularidades la era Bataglia, que esos documentos estaban siendo ingresados en los archivos de la Universidad reemplazando originales para que así en caso el rector se niegue a cooperar amenazarían con sacar a la luz esos papeles que para el momento ya serian los verdaderos entre comillas. Así lo tendrían en su poder mientras dure su gobierno. Mientras Bataglia sea rector, nosotros gobernaremos dijo, esa es mi idea y estoy seguro que es mucho mejor que la de ustedes enanos mentales. Ambos jóvenes que antes protestaron se miraron y con un silencio cómplice asintieron y admitieron que era una idea genial, digna de un guión de película. El joven de la última idea se sentó y giro la silla dándoles la espalda y cuando se disponía a hablar denuevo entro a la oficina el doctor Bataglia.
Se quedaron mudos todos por unos segundos. Déjenlo dijo el joven de gafas y los dos “acompañantes” del doctor lo soltaron y se retiraron. El doctor Bataglia estaba pasmado al darse cuenta de lo que ocurría. Vio parados frente a su persona a dos tipos harto conocidos para el, Jorge Luís Pachuco y Carlomagno Fremco. Ambos eran los principales detractores de su gestión, tenían dibujada en el rostro una sonrisa maliciosa a la vez que no quitaban la fija mirada que habían posado sobre el. Buenas noches Bataglia, dijeron sin el más mínimo signo de respeto, estábamos esperándolo con muchas ansias. El doctor Bataglia se preguntaba como pudo ocurrir algo así, como ellos habían podido tener acceso al recinto universitario sin haber sido detenidos o en el peor de los casos que hicieron con el personal que debía detenerlos, y si los habían reducido se cuestionaba como lo pudieron lograr, como habían ingresado a la oficina de consultas legales. Las dudas iban en aumento cuando una voz seca y firme se hizo escuchar: Buenas noches doctor Bataglia. La silla giratoria del escritorio principal volteo lentamente. El rostro del doctor se torno pálido y tuvo que apoyarse para no caer de la impresión. Maestro buenas noches, ¿usted ya no me conoce acaso o no me saludara? Este personaje se puso de pie y avanzo lentamente hacia el rector, que estaba casi en shock ya que conocía perfectamente quien era el tipo que lo saludaba pero se negaba a creerlo. Bueno doctor ya que creo no me conoce me presento, Julián Cruzado Marino, mucho gusto.
